Condensación en el cajón de la persiana: el agujero de la fachada
Muchas manchas de humedad que se achacan a filtraciones de fachada nacen dentro del cajón de la persiana. Es la pieza que rompe el aislamiento del muro, la que peor se sella y la que casi nadie abre en veinte años. Esta guía explica la física del problema, cómo distinguirlo de una filtración real y qué se puede hacer sin obra de albañilería.

Lo esencial
- El cajón es un hueco practicado en el muro con muy poco material aislante alrededor: se comporta como un puente térmico y como una entrada de aire.
- La condensación aparece cuando el aire interior húmedo toca una superficie por debajo de su punto de rocío; en el cajón esa superficie está siempre más fría que el resto de la pared.
- El clima oceánico de Vigo, con lluvia repartida en buena parte del año y humedad relativa alta, deja poco margen antes de llegar a ese punto de rocío.
- Se distingue de una filtración por el patrón: la condensación es difusa, estacional y peor en invierno; la filtración aparece con episodios de lluvia y viento y sigue un reguero.
- Se corrige aislando el interior del cajón, sellando el paso de la cinta y garantizando ventilación en la vivienda, no cerrando todas las entradas de aire.
Por qué el cajón es el punto débil de toda la fachada

Una fachada bien resuelta es una capa continua: muro, aislamiento, acabado. El cajón de la persiana rompe esa continuidad de la peor manera posible, porque en el mismo punto ocurren tres cosas a la vez. Primero, se practica un hueco de gran volumen en el que el espesor de material aislante se reduce a poco más que un tablero y una tapa. Segundo, ese hueco está en contacto directo con el exterior por la ranura por la que sale el paño. Y tercero, la propia cinta atraviesa la pared para llegar al recogedor, es decir, hay un orificio permanente entre el interior de la vivienda y el cajón.
El resultado es un elemento que ni aísla ni cierra. En invierno, la superficie interior del cajón se mantiene notablemente más fría que la pared que la rodea, porque está separada del exterior por muy poco material y porque el aire frío entra y circula por su interior. A la vez, por el orificio del recogedor se cuela aire hacia dentro y sale aire caliente y húmedo hacia el cajón. Es el peor de los dos mundos.
Por eso, en muchas viviendas con la carpintería cambiada y el vidrio mejorado, la sensación de frío en la parte alta de la ventana no desaparece: se ha resuelto la ventana y se ha dejado intacto el elemento que peor se comportaba. En rehabilitaciones de vivienda antigua en Casco Vello, Teis o O Calvario es un patrón que se repite con mucha frecuencia.
La condensación del cajón, en dos párrafos y sin fórmulas
El aire caliente admite más vapor de agua que el aire frío. Cuando una masa de aire interior, cargada de la humedad que genera la vida doméstica, toca una superficie suficientemente fría, se enfría localmente y llega un momento en que ya no puede sostener todo ese vapor: el exceso se convierte en agua líquida sobre esa superficie. La temperatura a la que ocurre se llama punto de rocío, y depende de la temperatura del aire y de su humedad relativa.
Aplicado al cajón: el aire del salón a temperatura de confort y con humedad alta se cuela por el hueco del recogedor hacia un volumen cuya superficie está bastante más fría que el resto de la habitación. Si esa superficie está por debajo del punto de rocío, se forma agua. No es una gota que entra de fuera; es el agua que ya estaba en el aire de casa, condensada donde le corresponde.
Es aquí donde el clima de Vigo aprieta. Un clima oceánico Cfb, con la lluvia repartida en buena parte del año —las cifras de AEMET las damos en salitre y persianas—, mantiene la humedad relativa alta durante gran parte del año, y una humedad de partida alta significa un punto de rocío alto, es decir, que basta con una superficie moderadamente fría para que condense. En un clima seco, la misma pared no daría ningún problema.
Cómo saber si es condensación y no una filtración

Confundir las dos cosas lleva a intervenciones inútiles, del tipo sellar toda la fachada por un problema que se genera dentro. La distinción se hace con seis comprobaciones: cuándo aparece, qué forma tiene la mancha, qué tacto y qué olor deja, qué relación guarda con el uso de la casa, qué se ve al abrir el cajón y qué diferencia de temperatura hay entre el cajón y la pared contigua.
La condensación es difusa y estacional: aparece en los meses fríos, empeora por la mañana, se concentra en la parte alta del hueco y en las esquinas, y va acompañada de gotas en el vidrio y, con el tiempo, de manchas oscuras de moho de aspecto aterciopelado. La filtración es puntual y episódica: aparece durante o después de episodios de lluvia con viento, deja un reguero con un recorrido reconocible, mancha con cerco y suele arrastrar restos y sales del propio muro.
- Cuándo aparece: si coincide con los días fríos y no con la lluvia, es condensación; si coincide con temporales de suroeste, sospecha de filtración.
- Forma de la mancha: difusa y en la esquina superior apunta a condensación; reguero vertical con cerco apunta a agua que entra.
- Tacto y olor: el moho de condensación es superficial y con olor característico; la filtración deja el material húmedo en profundidad.
- Relación con el uso: si empeora en dormitorios cerrados por la noche o tras cocinar y tender dentro, hay un problema de humedad interior.
- Comprobación del cajón: abrir la tapa de registro un día frío y mirar si hay gotas o restos de agua en el interior es el diagnóstico más directo.
- Termómetro y superficie: una diferencia clara al tacto entre la superficie del cajón y la pared contigua confirma el puente térmico.
Cómo se aísla el cajón sin obra de albañilería
La buena noticia es que el cajón se interviene desde dentro y sin tocar la fachada. El trabajo tiene tres frentes y conviene hacerlos los tres, porque resolver solo uno deja el problema a medias; a ellos se suma la revisión de la mecánica, que se hace de paso porque el cajón ya está abierto. El primero es aislar térmicamente el interior del cajón, forrando la cara que da al exterior y los testeros laterales con material aislante de espesor adecuado al hueco disponible, siempre sin invadir el recorrido del paño ni el giro del eje. Elevar la temperatura de esa superficie interior por encima del punto de rocío es la mitad de la solución.
El segundo es cortar el paso de aire. El orificio del recogedor está abierto todo el año y existen recogedores y embellecedores con cierre que reducen mucho ese flujo; los testeros laterales se sellan y la tapa de registro se ajusta para que apoye. La ranura por la que sale el paño no se puede ni se debe cerrar, pero se pueden colocar cepillos que reducen la entrada de aire, de polvo y, en la ría, del propio aerosol marino.
El tercero es la ventilación de la vivienda, y es el que más se descuida. Sellar todo sin garantizar renovación de aire traslada la condensación a otro punto frío de la casa. La humedad generada dentro tiene que salir, así que la intervención en el cajón va acompañada de ventilación diaria, extracción en cocina y baño y, si es posible, no secar ropa dentro. Cuando aprovechamos una reparación de persianas o una motorización para aislar el cajón, el cajón ya está abierto y el trabajo se solapa.
| Frente | Actuación | Qué corrige | Qué no corrige |
|---|---|---|---|
| Térmico | Aislar la cara exterior y los testeros del interior del cajón | La superficie fría donde condensa el vapor | La entrada de aire por el hueco del recogedor |
| Estanqueidad | Recogedor con cierre, sellado de testeros, cepillo en la ranura | Corrientes, polvo y entrada de aerosol marino | El puente térmico si no se aísla |
| Ventilación | Renovación diaria de aire y extracción en cocina y baño | El exceso de humedad interior de origen doméstico | Nada del cajón; es condición necesaria, no suficiente |
| Mecánica | Revisión de eje, guías y paño con el cajón abierto | Que la intervención no interfiera con el funcionamiento | La condensación en sí misma |
Lo que la condensación le hace a la propia persiana

El problema no es solo la mancha en la pared. El agua condensada dentro del cajón cae sobre el eje, los soportes, los rodamientos y la cinta enrollada, y ahí produce exactamente el mismo tipo de daño que describimos en salitre y persianas, agravado si además hay cloruros depositados. Humedad permanente más sal es la combinación que acorta la vida de todo lo metálico del interior.
Sobre la cinta el efecto es doble: el tejido húmedo pierde resistencia mientras está mojado y, si hay sal disuelta, al secarse quedan cristales entre las fibras que actúan como abrasivo en cada maniobra. Sobre los rodamientos, la humedad continua desplaza el engrase y el eje empieza a girar con esfuerzo, que es el origen del clásico va dura. Y sobre los soportes de chapa, óxido por la cara que no se ve.
Por eso, cuando abrimos un cajón y encontramos rastro de agua, la conversación deja de ser solo sobre la avería. Aislar en ese momento aprovecha que el cajón ya está abierto y evita repetir la misma intervención cada pocos años. Tiene especial sentido en viviendas de fondo de ría, en Redondela, Soutomaior o Vilaboa, donde la humedad ambiental es alta durante buena parte del año.
Casos típicos de condensación que vemos en Vigo y su área
Hay tres situaciones que concentran la mayoría de los avisos por humedad en el cajón, y alrededor de ellas un puñado de agravantes domésticos que aparecen una y otra vez. Cada situación tiene su matiz propio. La primera es la vivienda antigua con ventana nueva: se mejora el vidrio y la carpintería, la ventana deja de ser el punto frío y el cajón hereda el papel. Además, la casa queda más estanca, se ventila menos y la humedad interior sube. El resultado es que las manchas aparecen justo después de una reforma que iba a mejorar las cosas.
La segunda es el dormitorio cerrado, con la puerta y la persiana bajadas toda la noche y dos personas dentro aportando vapor de agua durante horas. Por la mañana hay gotas en el vidrio y humedad en la parte alta del hueco. Aquí la intervención en el cajón ayuda, pero sin una rutina de ventilación matinal el problema no se cierra del todo.
La tercera es la vivienda de uso intermitente, muy común en la costa del Val Miñor y de O Morrazo: casas que pasan nueve meses cerradas, sin calefacción y sin renovación de aire, donde la humedad se estabiliza alta y condensa sobre cualquier superficie fría. Ese caso tiene un tratamiento propio que desarrollamos en persianas en segunda residencia, porque el problema no es solo térmico sino de falta de uso.
- Ventana sustituida y cajón intacto: el punto frío se desplaza al cajón y las manchas aparecen justo después de la reforma.
- Dormitorio cerrado toda la noche: vapor acumulado durante horas sobre la superficie más fría del hueco.
- Vivienda de costa cerrada nueve meses, sin calefacción y sin renovación de aire.
- Agravante: cocina o baño sin extracción efectiva, donde la humedad generada se reparte por toda la vivienda.
- Agravante: ropa tendida en el interior durante los meses de lluvia, que es una fuente de vapor constante y muy subestimada.
- Agravante: cajón sin tapa de registro accesible, donde nadie ha comprobado el interior en años y el agua lleva tiempo actuando.